“Hasta que no hagas al inconsciente consciente, seguirá dirigiendo tu vida y lo llamarás destino”

Carl Jung




martes, 30 de octubre de 2012

SOY UN CIRCULO

     Leyendo el libro "Los dibujos de los niños"(2009) de Antonio Machón, antes de la introducción se encuentra una anécdota muy esclarecedora. Sobre el óvalo y el yo. Titulada "El lobo malo se come al niño".

"Recién concluidos mis estudios, con el propósito de concederme un tiempo de reflexión de cara a la organización de mi futujro, decidí poner un breve paréntesis a la vida ciudadana a ceptrando impartir, en febrero de 1967, los cursos de dibujo de un instituto de bachillerato de un pueblo segociano. Dentro de mi natural inclinación hacia el mundo del arte, me consideraba por entonces un militante del informalismo y sentía una especial atracción por todas las formas del primitivismo y, muy especialmente,, por los dibujos y pinturas de los niños, mundo con el que había tomado ya algún contacto a lo largo de mis estudios y al que pensaba dedicar parte de mi tiempo en un futuro.

Un soleado día de noviembre de aquel mismo año, de regreso a casa al concluir las clases de la tarde, tuvo lugar una pequeña historia que me impresionó profundamente y contribuyó, de forma decisiva, a orientar mi interés hacia el mundo creativo de los niños más pequeños.

Jugando con su tricilo en la puerta de mi casa me encontré a Jesus Mari, un vecinito de apenas tres años que vivía en aquella plaza bordeada de acacias. Tuve entonces la feliz ocurrencia de invitarle a dibujar, sugerencia que el niño aceptó de inmediato. Abandonando su triciclo me siguió al interior de la casa y, sin mediar apenas palabra entre nosotros, tomó un lápiz que había sobre la mesa y comenzó a realizar en un gran papel blanco unas misteriosa formas circulares que se afanaba en cerrar con sumo cuidado y que, sin tocarse unas a otras, acabaron por llenar toda la hoja: "¡Mira, son redondas!", me dijo al concluir su dibujo.

Acto seguido tomó otro papel y, concentrado nuevamente toda su atención sobre la hoja blanca, fue realizando, una tras otra, otra serie de formas semejantes a las anteriores: "¡más redondas!", observó nuevamente.

Al día siguiente, al regresar de mis clases de la tarde, volví a encontrarme a Jesús Mari, que, en compañía de su hermanita Martita, hacía guardia a la puerta de mi casa: "¡Queremos pintar!", observó decidido al verme.

Martita, un año menor que su hermano, llenó varias hojas con amplios torbellinos de garabatos circulares. Jesús Mari, sumido de nuevo en su obsesiba tarea, continuo realizando sus misteriosas "redondas".

Aquellas espontáneas sesiones acabaron convieriéndose en constumbre y todos los días y a la misma hora Martita y Jesús Mari esperaban pacientes mi regreso para continuar con su tarea: "¡Son redondas, son redondas!", insitía Jesús Mari.

¿Qué significaban aquellas misteriosas formas cerradas que contanta atención y machacona insistencia repetía el niño día tras día? ¿Qué profunda satisfacción procuraba al niño tan apasionada tarea para, sin manifestar el menor signo de cansancio, esperar cada día la llegada de aquel momento e insistir nuevamente en ellas? Tuve entonces la sensación de estar asistiendo al nacimiento en el niño de alguna profunda intuición emanada de la misma forma circular; a un diario y secreto diálogo del niño con las formas; intuición y diálogo en los que me estaba vedada toda participación.

Pero mi interés por aquellos misteriosos dibujos llegó a su límite unos días más tarde cuando, rompiendo el niño su silencia, expresó en voz alta la no menos enigmática relación que aquellas "redondas" parecían mantener con las imágenes de su pensamiento.

En efecto, no habría trancurrido más de una semana desde el inicio de las sesiones cuando un día, deteniendo el niño de improviso su dibujo y señalando con su dedo índice una de sus "redondas", observó en tono exclamtivo:

"¡Un niño, es un niño!"

Dibujando acto seguido otra "redonda" cercana a la anterior observó de nuevo:

"¡Éste es el lobo!"

Unió luego ambas formas con dos segmentos paralelos y tachando con agresiva violencia la última de sus "redondeces" exclamó: "¡El lobo es malo, es muy malo, se come al niño!", dando así por concluido su dibujo."  Antonio Machón en Los dibujos de los niños (2009)

 
     Sabemos que en Grafología, el óvalo, es la representación más íntima y personal del "YO". Al ser la manifestación más íntima de la personalidad, es muy importante observar cualquier variación de la forma del óvalo, ya sea en las vocales; a,o. Como en las consonantes; q, d, g, p y b.


     Ante un escrito con óvalos abiertos, aseguramos que la persona es abierta y sociable. Incluso es un dato, muy a destacar, para la tipología "extrovertido".


     Un signo gráfico de la tipología "introvertido" son los óvalos cerrados, que muestran un individuo reservado y cerrado.

  • Óvalo abierto: apertura a los demás, comunicación, expansión...


  • Óvalo cerrado: reserva, prudencia, poca comunicación sincera...


     El psicólogo y pedagogo José maría Quintana Cabanas, en su libro CARÁCTER Y PERSONALIDAD (1971) muestra un gráfico sobre la relación entre el objeto y el sujeto de extrovertidos e introvertidos.


     Como se puede apreciar el extrovertido tiene el yo abierto al mundo exterior. mientras que el introvertido se cierra. No nos debe extrañar por tanto que las personas con un grado de apertura en sus óvalos sea comunicativa, expresiva... y quienes tienen sus óvalos cerrados sean más reservados.

     Por ello ante un análisis grafológico es los datos de los óvalos aportan mucha información grafológica y psicológica. Como por ejemplo la siguiente imagen nos dará mucha información del autor.




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